Participación y tecnología para la gobernabilidad

By Marta Gaba - April 06, 2018



La tecnología puede utilizarse para mejorar la gobernabilidad, empoderar a las personas, defender y promover los derechos humanos, promover el desarrollo económico y perseguir una diversidad de bienes sociales.

En mi caso, trabajo cuestiones vinculadas a la participación, la incidencia y el uso de tecnologías digitales como herramientas para el activismo y el empoderamiento. Si tuviera que definir académicamente mi área de trabajo, esta sería la implementación de las estrategias digitales para incidir en escenarios globalizados: si deseamos influir sobre determinadas políticas públicas podemos realizar acciones de incidencia y en estas acciones utilizaremos herramientas analógicas y digitales. Por eso considero que Internet y las TIC ́s cumplen un rol importantísimo en el fortalecimiento de la democracia.


La aparición de nuevas tecnologías contribuye a la modificación de escenarios y relaciones y en distintos momentos de la historia, ayudó a cambiarla. Tengamos en cuenta que contemporáneos a los avances tecnológicos son los primeros movimientos sindicales. Para la época en que se inventó el telégrafo, los empresarios ingleses se dieron cuenta que enviando un telegrama a otros empresarios de Francia o Bélgica podían comprar y abastecer a sus clientes aunque afrontaran una huelga en suelo británico. Los trabajadores también aprovecharon los avances tecnológicos: en 1863 convocaron telegráficamente en Londres a todos los movimientos obreros y radicales del continente para coordinarlos. Fue el nacimiento de la AIT, la primera Internacional. El paso de las postas al telégrafo marcó el fin de la centralización de la información en un solo lugar: se lo llamó “la internet victoriana” y fue contemporáneo a la aparición del pluralismo, la democracia representativa, las agencias de noticias, las empresas multinacionales y el estado federal. Luego, la aparición de Internet marca otro quiebre, esta vez en los límites entre emisor y receptor, en la concepción del poder, en las nuevas formas de acción social.

(imagen tomada de "Cognición y subjetividades política", de Raúl Niño Bernal, Google Books, http://ow.ly/WtTU30jlXUY)

Como vemos, la tecnología que se incorpora en cada período de la historia contribuye a empuja cambios sociales.

Siempre hubo algún tipo de resistencia a la introducción de estos desarrollos, siempre hubo personas que se adaptaron rápidamente a su uso y siempre hubo quienes se resistieron siquiera conocerlas. Aprender a utilizar algo nuevo lleva tiempo y apropiarse de modo que su utilización sea algo natural también demanda un esfuerzo. En este momento estamos viviendo en una época analógica-digital que presenta sus propios desafíos y la interacción de la sociedad civil con los gobiernos y otros actores socio-políticos debe incorporar nuevos paradigmas en su modo de relacionarse y actuar.

Voy a contarles una experiencia donde se refleja cómo el uso de tecnología contribuye a la libertad de expresión, la transparencia y la participación ciudadana.
El caso que voy a relatar es uno de los muchos ejemplos de capacitaciones en tecnologías tecnologías y ciberactivismo que hemos llevado adelante desde la red internacional a la que pertenezco,  RedLad.  Servirá como muestra concreta del poder de las tecnologías digitales para la incidencia utilizadas por jóvenes de distintas regiones de Guatemala, a menudo con restricciones en el acceso a internet y en muchos casos pertenecientes a grupos aborígenes y residentes en comunidades poco familiarizadas con estas herramientas. Las actividades demostraron la efectividad de Internet como puente para la integración, abaratando comunicaciones y democratizando horizontalmente a los jóvenes, quienes pudieron participar en un espacio virtual en las mismas condiciones que sus pares con mejores recursos económicos o de educación formal.
Durante catorce meses, entre julio de 2011 y septiembre de 2012, tuve la oportunidad de participar en un proceso de educación en activismo democrático en Guatemala, trabajando en conjunto con la RedLad y la Red Nacional para la Integridad (RNI), en aquel momento joven ONG guatemalteca con un excelente trabajo de campo y un staff sumamente capacitado en temas políticos y sociales.  Durante este período de tiempo, cerca de 300 jóvenes de distintas regiones de Guatemala fueron capacitados en talleres sobre el uso de TIC para la incidencia política y ciudadana en un proyecto denominado “48 horas para el cambio.”
El contexto
El conflicto armado en el que estuvo sumida Guatemala durante 36 años (1960-1996) produjo un debilitamiento institucional del que el país todavía no se ha recuperado. El fortalecimiento institucional que se indica en los Acuerdos de Paz ha sido parcial, lento y fraccionado. En este contexto, los movimientos de participación juvenil en Guatemala se caracterizan como pendulares, ya que su actividad fluctúa dependiendo de las circunstancias de la coyuntura. Hay momentos de poca participación y apatía y otros momentos de gran involucramiento por parte de los jóvenes.
A los efectos del proyecto, fue importante conocer el estado de conectividad en Guatemala en aquel momento. La penetración de Internet era del 25,9% y los usuarios estimados a septiembre de 2012 era de 3.884.124. Facebook era el líder de las redes sociales con 2,175,060 de usuarios y le seguían Twitter (275,890), Google Plus (107,896) y LinkedIn (195,732). En todos los casos, era mayor la participación masculina que femenina. La mayor cantidad de usuarios de Facebook se encontraba en las Ciudad de Guatemala (1.664.940); Huehuetenango (48.200); Quetzaltenango (42.760); Antigua Guatemala (16.020) y Cobán (15.680). Un dato que me pareció interesante al relevar información: la población guatemalteca era mayoritariamente joven: más del 70% de la población del país tenía en ese entonces menos de 30 años, de los cuales más del 50% se encontraban en áreas rurales. Por eso se tornó urgente facilitar espacios que permitiesen el empoderamiento de los jóvenes sin importar la región a la que pertenecían. El contexto descripto y las condiciones para el acceso a los medios de comunicación impresos, electrónicos y de difusión a través de Internet nos llevó a identificar el siguiente problema: debilidad institucional, participación juvenil fluctuante y dificultades en el acceso a los medios de comunicación tradicionales y digitales.
El programa “48 horas por el cambio” presentaba una serie de desafíos a los que hubo que enfrentarse con creatividad. Las barreras eran múltiples y fueron éstas las que hicieron pensar en cómo podíamos transformar esas debilidades en fortalezas del programa:
-  A la dispersión geográfica de las jóvenes, se respondió con la reunión de los seleccionados en un mismo punto geográfico para recibir la capacitación, cubriendo los costos de la actividad las organizaciones a cargo del proyecto;
- Al reducido número de computadoras portátiles se respondió trabajando con una computadora por grupo (en lugar de trabajo individual);
- A las dificultades en el acceso a internet se respondió de dos formas: a) mediante la utilización de modem portátiles para los capacitadores cuando fuera necesario; b) sugerencias para trabajar offline y aprovechando el día que se tiene acceso a internet;
- A la heterogeneidad en cuanto a conocimientos y manejo de tecnologías 2.0 se respondió transformando a los alumnos más avanzados en asistentes de la capacitadora para compartir conocimientos y ayudar a los que recién se iniciaban en el uso de nuevas tecnologías.
El espíritu que animó al proyecto fue proporcionar a los jóvenes, en dos jornadas, las herramientas tecnológicas necesarias para comunicarse entre sí, incidir en sus comunidades y capacitarse para ser ciberactivistas, aún sin conocimientos previos y habiendo carecido de contacto con Internet hasta el día del taller muchos de ellos. Así, el objetivo general fue promover e incrementar el uso de tecnologías digitales para la participación e incidencia en la defensa de los derechos humanos y no violencia.
El proyecto focalizó en la capacitación de 250 jóvenes provenientes de las cinco regiones de Guatemala (Central: Guatemala, Chimaltenango y Sololá; Occidente 1: Quetzaltenango, San Marcos y Totonicapán; Occidente 2: Quiché y Huehuetenango; Oriente: Jutlapa, Jalapa, Chiquimula, Zacapa y Santa Rosa; Sur: Suchitepéquez y Retalhuleu). Esto significó un alcance nacional, cubriendo distintos grupos con necesidades y perfiles diferenciados conforme las comunidades de residencia.
Las jornadas de capacitación comenzaban (en todos los casos) el día viernes por la tarde, momento en que se presentaba el programa, se indicaban las pautas a las que los participantes deberían atenerse durante ese fin de semana y se brindaba información acerca de cómo se continuaría en los próximos meses con las habilidades incorporadas durante el taller. El día sábado estaba destinado a la capacitación en tecnologías digitales a mi cargo a través de la RedLad. Después de las presentaciones, los participantes se dividían en grupos por afinidad y se daban un nombre que los identificara.
Teniendo en cuenta que el nivel de conocimiento y uso de internet suele ser heterogéneo, el primer tramo de la capacitación consistía en realizar un relevamiento del estado del grupo. Así, los participantes debían informar si tenían correo electrónico, si habían abierto cuentas en Facebook y Twitter, con cuál navegador accedían a la web y si disponían de teléfonos con acceso a internet. En base a las respuestas obtenidas, la primera actividad grupal consistía en la apertura de cuentas de correo electrónico, donde los que ya tenían esta habilidad les enseñaban a las personas que nunca habían accedido a una cuenta.
Una vez que todos hubieran abierto sus cuentas de correo electrónico, se procedía a la apertura de cuentas en Facebook y Twitter (para aquellos que no tenían una). Cabe acotar que previo a la apertura de cuentas, se realizaban tareas de sensibilización acerca de la utilidad de determinada red social para compartir información y realizar acciones de incidencia. Cada taller fue una experiencia personal e intransferible porque las motivaciones de cada grupo marcaron la pauta de las redes sociales y aplicaciones en las que se haría hincapié durante la capacitación.
Cercano el mediodía, los participantes ya comienzan a sentirse cómodos con la utilización de Facebook. En este momento, cada equipo de personas creaba un grupo de Facebook con el nombre que hubieran elegido, subían sus fotografías personales y escribían una breve descripción de sus motivaciones y expectativas para con el taller. La apertura de este grupo de Facebook era muy importante, dado que en los talleres y capacitaciones que imparto, suelo utilizar como herramienta los grupos a modo de “cuaderno colectivo y socializable”. Es el espacio virtual donde los equipos escriben, comparten, opinan y debaten y luego, a través de una pantalla, pueden compartir con el resto de los participantes aquello en lo que estuvieron trabajando.
El resto de la jornada se dedicaba a la incorporación de otras redes sociales y aplicaciones, reforzando aquellas en las que los participantes se sentían menos seguros en el uso.
En la parte final de la jornada y ya teniendo el conocimiento de cómo utilizar cada nueva herramienta, los grupos debían realizar una actividad y presentarla ante los demás participantes, incorporando sus nuevas habilidades. La actividad simulaba una escena de la vida diaria: un acontecimiento en su comunidad, una reunión en su ONG, una entrevista con algún representante político, etc. Las opciones eran variadas: se los alentaba a realizar presentaciones utilizando Twitcam, transmisión en video vía streaming, un programa de radio, un podcast. La idea consistía en que los participantes pudieran incorporar las nuevas tecnologías en una actividad de las que suelen realizar en sus comunidades y organizaciones.
El domingo, en la última jornada, habiendo ya incorporado las herramientas digitales, los participantes trabajaban temas vinculados a la participación ciudadana, la incidencia a nivel municipal y nacional y cuestiones vinculadas al funcionamiento del Estado y la coyuntura política en sus comunidades. En este día, elegían un tema sobre el que diseñarían un proyecto para trabajar desde sus comunidades y organizaciones, dentro de un amplio abanico: medio ambiente, salud reproductiva, transparencia, etc. Las capacitaciones en este día estaban a cargo del pujante equipo de la Red Nacional por la Integridad. 
Una vez terminada la capacitación y regresados a sus hogares, comenzaba el verdadero trabajo: aplicar los aprendido a través del proyecto que diseñaron y que sería monitoreado a través de las redes sociales.
Las actividades demostraron la efectividad de Internet como puente para la integración, abaratando comunicaciones y democratizando horizontalmente a los jóvenes, quienes pudieron participar en un espacio virtual en las mismas condiciones que sus pares con mejores recursos.

El impacto del proyecto es un continuo: se desarrolló y seguirá impactando y eso es lo que mejor caracteriza a la actividad. Brindar herramientas que serán utilizadas para incidir y a la vez capacitar a otros es generar un círculo virtuoso. Los jóvenes líderes que participaron de las capacitaciones asumieron el compromiso de transmitir y replicar lo aprendido y al verlos interactuar cada día en las redes sociales, sumando seguidores y afianzando sus propios proyectos, nos hace pensar que éste es un proceso que se realimenta y se va expandiendo como una espiral.-

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