Resistencia Pacífica vs Violencia Organizada

By Marta Gaba - January 03, 2018


A finales del año pasado realicé un curso interdisciplinario sobre movimientos y campañas de ciudadanos que defienden sus derechos y obtienen justicia alrededor del mundo. El curso explicaba la naturaleza, dinámica y efectividad de la resistencia civil pacífica y los conflictos no violentos.

Me inscribí porque me interesa estudiar el tema, dado que mi expertise está vinculada a procesos de participación y activismo. Desde este lugar, no dejo de asombrarme día a día con los conflictos y protestas continuas que vivimos en Argentina (sobre todo en Buenos Aires). Debe ser el único (o uno de los pocos) países del mundo en el que cada mañana los noticieros informan acerca del cronograma de cortes y piquetes. Durante las discusiones que se daban en el foro del curso comenté acerca de esta particularidad de nuestra agenda de protestas y varios de mis compañeros (de 35 países diferentes) quedaron asombrados. De modo que profundizar en los métodos no violentos y la resistencia pacífica me interesa tanto como académica como ciudadana.

A veces me pregunto si en los equipos de Gobierno que lidian a diario con protestas, cortes y piquetes se están realizando los análisis del caso, desde el punto de vista de las nuevas tendencias en cuanto a participación ciudadana, activismo y militancia. No se trata de reprimir o de dejar hacer: se trata de entender la naturaleza del conflicto. Es como un juego de ajedrez, hay tácticas y estrategias y si no se conocen las reglas del juego vamos a vivir en una espiral de conflictos-represión-conflicto-dejar hacer- enojo de la población no involucrada y vuelta a empezar.

Vamos a comenzar aclarando el conceptos de resistencia civil (o resistencia no violenta o conflicto no violento): se  trata de un método de lucha no violenta consistente en desatar estratégicamente un conflicto contra lo que se percibe como una injusticia, sin amenaza ni uso de la violencia y llevado a cabo por personas comunes. No tiene como objetivo infligir daño físico a otros, ni siquiera a los antagonistas. Así describía la acción no violenta Martin Luther King en una carta desde la cárcel de Birmingham: "La acción directa no violenta busca crear tal crisis y fomentar tal tensión que una comunidad que se ha negado constantemente a negociar se ve obligada a enfrentar el problema ..." 

Cuando estudiamos la resistencia civil lo hacemos dentro del campo de análisis de los conflictos. Las personas, cuando se encuentran ante un conflicto, pueden actuar de cuatro formas posibles:
- no realizar acciones y concentrarse en la supervivencia; 
- unirse a un movimiento o campaña no violenta; 
- utilizar la negociación, mediación, diálogo o herramientas institucionales con quienes ejercen el poder; 
- unirse a grupos armados y participar violentamente. 

La resistencia civil puede necesitar varias formas de resolución y negociación, pero su objetivo principal es abordar la injusticia mediante el uso de métodos no violentos. No debemos olvidar que la resistencia civil consiste en desatar un conflicto (y, en algunos casos, aumentarlo) para llamar la atención sobre él, movilizar a las personas y eventualmente transformarlo.

La resistencia pacífica es estratégica, sostenible y tácticamente diversa.
Libra un conflicto por fuera de la política partidaria tradicional, las elecciones, las negociaciones o los tribunales.
Es no violenta en sus métodos de lucha.
Se implementa a través de actos disruptivos y constructivos: manifestaciones, huelgas, boicots, desobediencia civil; construcción de instituciones paralelas, asociaciones de ayuda mutua, vida cívica alternativa.
Es una lucha colectiva de ciudadanos comunes.
No se despliega azarosamente por reacción a cualquier agravio, sino que se recurre a ella cuando una forma existente de opresión es grave y afecta a muchas personas.

Los medios de comunicación tienen un importante rol al respecto: cómo se informa y discute la resistencia civil en los medios moldea la opinión general de las personas acerca estas acciones.

Ahora bien... las protestas que vemos a diario en la calle, ¿son acciones de resistencia no violenta? ¿se realizan contra una injusticia o abuso? ¿son pacíficas? ¿las llevan a cabo ciudadanos comunes?

Creo que al ir respondiéndonos estos interrogantes vamos a poder separar la paja del trigo, llamar las cosas por su nombre y responder con firmeza a las muchas campañas que se realizan desde organismos internacionales y organizaciones que no discriminan entre chantaje ejercido mediante violencia organizada y resistencia pacífica.

Lo que estamos viendo en las calles de Argentina, en muchos casos, se  trata, en realidad, de un método de lucha que ejerce distintos tipos de violencia a través de la instalación de un conflicto, desconociendo los derechos de otros ciudadanos y llevado a cabo por grupos políticamente organizados. 

Quienes protestan no constituyen un colectivo indiferenciado; desde luego existen grupos con intereses y reclamos legítimos. Pero no puede abarcarse bajo el paraguas de la libertad de expresión a individuos que buscan desestabilizar el sistema democrático forzando al Gobierno de turno a ejercer violencia para reclamar luego ante organismos internacionales. Como dice Pablo Giussani en "Montoneros, la soberbia armada": "La fórmula del extremismo revolucionario: obligar al régimen a desprenderse de su máscara, llevarlo a una situación en la que le resulte imposible mantener en pie sus apariencias democráticas, forzarlo a mostrarse en toda su ferocidad". Lo que no entienden estos grupos es que estamos siendo gobernados democráticamente por una coalición política elegida por la mayoría del pueblo argentino, en elecciones transparentes y siguiendo el sano principio de la alternancia en el ejercicio del poder del Estado.

Esto ya lo hemos vivido y vimos cómo nos fue. Estamos a tiempo de revitalizar y fortalecer nuestra democracia comunicando claramente las acciones de gobierno, desenmascarando a los desestabilizadores, encarcelando a los delincuentes y tratando a los ciudadanos con madurez y respeto. Como en 1810, queremos saber de qué se trata. Y cuando un colectivo de energúmenos quiere destruir lo que muchos deseamos construir, tenemos que saberlo para defender a nuestra Argentina de los embates de los trasnochados de siempre.

(el miércoles 10 de enero: "Las protestas durante 2017 (Parte 1)".





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