La vida antes de Internet

By Marta Gaba - November 09, 2017


Hace unos años nos enterábamos de las cosas escuchando la radio, mirando los noticieros de los canales de aire y leyendo las ediciones matutinas y vespertinas de los diarios. Desde que salía el periódico de la mañana hasta que llegaba a nuestras manos el de la tarde, vivíamos en un limbo interrumpido solamente por las transmisiones de radios am. Las radios FM solo transmitían música. La televisión por cable llegó a nuestros hogares en los años 90, de modo que solo teníamos los canales de aire con sus noticieros del mediodía y de la noche. Los canales de televisión no transmitían durante las 24 horas: lo hacían entre las 10 de la mañana y las 12 de la noche… y no todos.

Yendo a una época anterior, aquella en que los gobiernos militares se turnaban en el poder, para poder enterarnos de lo que sucedía en Argentina, muchos acudíamos a los radioaficionados o a las transmisiones radiales de Radio Colonia, de Uruguay.
Si sucedía algo en la ciudad de Rosario, tardábamos en enterarnos en Buenos Aires. No había teléfonos celulares. Pocas personas tenían fax. Estamos hablando de mediados de los años 80, cuando Madonna cantaba “Like a Virgin” y Michael Jackson nos deslumbraba con su  baile. Épocas de Soda Stereo (que yo escuchaba en cassette) y de “Volver al Futuro” en VHS, que alquilaba en el video club. Ya existía MTV, pero teníamos walkman en lugar de IPod.
Mi primera computadora la compré en el año 1993, una Compacq Presario super-moderna. Mi primer celular lo adquirí también en 1993. No tuve Internet en casa hasta el año 1999. Mark Zuckerberg y sus amigos crearon Facebook en 2004 y Twitter apareció en 2006.

¿Qué quiero decir con esto?

Que no era fácil comunicarse. Ahora estamos hiperconectados, pero unos años atrás (y no estoy hablando de cincuenta años, sino de veinte) no era tan simple estar en contacto, organizarse, encontrarse. ¿Cómo avisarle a un amigo que había una marcha de protesta organizada por el centro de estudiantes? ¿Cómo avisar a la familia que había nacido un bebé? ¿Cómo se enteraban que alguien se había recibido? ¿cómo nos saludábamos para Navidad? Muy sencillo: íbamos a sus casas; si tenían teléfono, los llamábamos; enviábamos tarjetas por correo postal, haciendo la cola, comprando sobres y estampillas, usando un buzón. Las circulares y comunicados se hacían en mimeógrafo primero y con fotocopias después.
Hice toda la escuela primaria, secundaria y facultad sin tener computadora, como todos mis contemporáneos. Los trabajos prácticos se escribían a máquina y si nos equivocábamos al tipear, había que corregir con corrector líquido o con unos papelitos que colocábamos entre la letra y el papel para borrar el trazo anterior. Si había muchos errores, había que arrancar la hoja y hacer todo otra vez. No existía “copy-paste”: todo se leía, tipeaba y citaba al pie con todas las citas correspondientes, repitiendo lo mismo una y otra vez.
               
El tiempo real era distinto. Mi tiempo real de avisar que me había recibido de abogada consistió en salir de la Facultad, buscar un teléfono público y llamar a un vecino para que se los comunique a mis padres, porque en Argentina en los 80 todavía era muy difícil tener teléfono en casa.

No podíamos documentar los atropellos que sufríamos en la calle por parte de la policía u otras autoridades. No teníamos smartphones para sacar fotos, hacer un video o grabar de manera oculta. No demostrábamos nuestras adhesiones haciendo click en “Me gusta”: había que salir a la calle y unirse a la muchedumbre. No compartíamos en el muro una convocatoria: había que pegar obleas en los medios de transporte, distribuir panfletos, convencer en persona acerca de la importancia de unirse a una protesta o reclamo. La militancia política y social requería tiempo de trasladarse, estar presente y actuar. Era en horas determinadas, no cuando se nos ocurre porque no podemos dormir y nos conectamos a Internet.

Entonces, no debe extrañarnos que ahora el descontento se manifieste más rápido, que la gente se comunique más pronto y que los grupos se organicen con mayor facilidad. No es raro que las demandas sean múltiples, porque múltiples son los reclamos. La sociedad no es homogénea, como bien querrían los detentadores del poder de turno: una sociedad homogénea es más fácil de sojuzgar. La diversidad genera múltiples voces, frentes y posibles antagonistas. En la sociedad actual los nodos trabajan de manera distribuida y no hay forma de detener la oleada una vez que comenzó. Si intentan callar una voz, la red seguirá funcionando.

Para entender estos tiempos, se necesitan nuevas categorías de pensamiento.


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