Construir un puente sobre la grieta

By Marta Gaba - October 31, 2017


Quienes recordamos como era la convivencia política en Argentina hace algunos años no podemos menos que entristecernos al comprobar que aquel espacio de discusión y debate se convirtió en un campo de batalla. Siempre existió la rivalidad radicales vs peronistas, una especie de Boca-River de la política.En toda familia estaban los tíos radicales que discutían en la mesa con los parientes peronistas, pero la cosa no pasaba a mayores. Había alguna que otra chicana pero hasta allí llegaba la historia. 

Me divertía escuchar a mis abuelos, uno radical y el otro anarquista. La mía era una familia con militancia política: familia de comité, de preparar empanadas y llevarlas a la noche al local donde se debatía cada cosa posible. Yo era muy chica y me acuerdo que me quedaba dormida en algún sillón despanzurrado. 

Cuando vivía en Venezuela,un amigo caraqueño me relataba una infancia similar y agregó un comentario que me hizo comprender la conocida frase "es un sentimiento/que no puedo parar". Me dijo que, de tanto pasar el rato con sus padres en el local partidario, terminó asociando los colores de su partido, el himno y las consignas a momentos agradables de su infancia, a un lugar seguro donde estaba con sus amigos y seres queridos. "Lo tengo guardado en el lugar de las emociones, no en el lugar de las razones", me dijo. Y a mi me pasó lo mismo: la marcha radical, el escudito y los colores blanco y rojo los tengo asociados a estar con mis padres, a jugar con los chicos de otros correligionarios y a escuchar risas y conversaciones animadas.

Ya en la facultad, saliendo de la dictadura militar e ingresando en la democracia, termine asociando la política con la posibilidad de ser libres. Aprendí a convivir con amigos de diferentes ideologías y muchas veces unos asistíamos a las marchas y reuniones de otros solo por la efervescencia y curiosidad del momento. Yo era de la Franja (Franja Morada) y mis mejores amigos pertenecían al Partido Intransigente y al PJ. No era extraño que, al llegar a la facultad, tomara un mate con los chicos del PI antes de subir a clases. Nunca los vi como enemigos. Nunca me insultaron o denigraron por ser radical. Nunca tuve temor de que me atacaran con dureza por apoyar a Alfonsín y jamás me burlé de mis amigos seguidores de el Bisonte.

¿Qué nos pasó en el mientras tanto?

Hoy día, no se puede hablar de política en la mesa familiar. La famosa grieta terminó rasgando el mantel de la mesa dominguera. Hemos asumido una posición corporal de defensa cuando nos presentan a alguien que está del otro lado de la rajadura. Escuchar: "Es K"o "Es macrista", hace que crucemos los brazos, enderecemos la espalda y tiremos el cuello hacia atrás, midiendo al adversario que en un rato será nuestro enemigo. 

Recuerdo cuando en la Facultad me presentaban a un oponente político, lo más grave que podían decir de mi era: "Mirá que es radicheta". Hoy, no ser del bando contrario te convierte en traidor, vendepatria, capitalista, neoliberal y cualquier etiqueta que "los otros" consideren ofensiva. 

Para los que, como yo, no somos del PRO ni hubiéramos seguido a Mauricio Macri en otros tiempos, el espacio de #Cambiemos nos hace ejercitar un fino equilibrio en el campo de las ideas políticas. Los radicales somos socialdemócratas y que nos tilden de neoliberales y capitalistas nos causa, cuando menos, asombro. Coincido en muchísimas cosas y disiento en otras con los compañeros de ruta pero con respeto. Ese respeto que no encuentro en la oposición, que decidió demonizar a quien no sigue sus preceptos.

Me parece que es hora de tomar en serio esta brecha trasnochada que separa a los argentinos. Muchos niños están mamando nde sus mayores un sentimiento oscuro hacia el que piensa diferente. Criticamos el bullying en la escuela pero en la vida diaria destrozamos al simpatizante opositor. Yo me crié con un sentimiento feliz asociado a la política: me gustaría que la generación que está creciendo no asocie adversario con enemigo.

En un país donde es gracioso ver en la televisión figuritas que se hacen famosas por criticar despiadadamente a sus colegas, no sorprende el insulto feroz al contrincante en el campo de las ideas.

Sólo la educación tenderá los puentes para hacer un camino sobre la grieta.

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