La campaña pro y anti sufragio femenino a través de las tarjetas postales

¿Cómo se comunicaban los mensajes políticos a fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX? ¿Cómo fueron representadas las mujeres en la iconografía pro y contra el sufragio femenino? ¿Cuáles eran las diferencias en las campañas antisufragistas de Gran Bretaña y EEUU?
Las mujeres norteamericanas en 1912, habían logrado cierta igualdad bajo la ley. Aunque la identidad legal de la mujer casada se fusionaba con la de su marido, hacia 1912 las mujeres comenzaban a ganar cierto control sobre bienes e hijos, cosa que no sucedía en Gran Bretaña.
Es importante tomar en cuenta la diferencia entre la democracia en EEUU y en Gran Bretaña, como así también considerar que la completa libertad de prensa reinante en Norteamérica garantizaba que las manifestaciones sufragistas, por más pacíficas que fuesen, tuvieran atención de los medios y fueran difundidas. Cada pueblito en EEUU contaba con su propio periódico y esto contribuía en esparcir los mensajes. Contrariamente, en Gran Bretaña las mujeres carecían de acceso a la prensa y el gobierno podía amordazar a los medios y mantener silenciadas las noticias sobre las protestas pacíficas, arrestos y alimentación forzada de las detenidas en huelga de hambre. Algunos análisis sugieren que la radicalización de la protesta en Gran Bretaña se dio por estas razones: la única forma de llamar la atención que encontraron las sufragistas fue empujar al Gobierno mediante acciones duras. Todo esto se vio reflejado en la iconografía de la época.
En Gran Bretaña, las tarjetas con imágenes en un solo lado fueron emitidas por las autoridades postales en 1902, justo en el momento de mayor efervescencia de la actividad política. Eran económicas y fáciles de enviar, las utilizaban todas las clases sociales y eran entregadas por los carteros cuatro veces al día. Con rapidez se convirtieron en el medio de comunicación favorito y en una potente herramienta de comunicación y propaganda, proporcionando una gran cantidad de evidencia para los historiadores. Estas postales muestran que el arte fue una herramienta utilizada por los activistas del sufragio (tantos quienes estaban a favor del sufragio femenino como quienes estaban en contra) e indican que creían en el poder de estas imágenes para moldear el pensamiento, enfocar los debates y estimular la acción.
En los EEUU, en 1909 la compañía Dunston-Weiler Lithograph de Nueva York, por ejemplo, produjo un conjunto de doce tarjetas a todo color que se oponían al sufragio femenino. Las imágenes reflejan los argumentos en contra e incorporan algo más: el riesgo de que los hombres (y la nación toda) se feminizarían por el sufragio femenino. Así, surgieron todas las postales que retrataban a los sumisos y resignados maridos realizando tareas del hogar y cuidando niños, mientras sus esposas se reunían en las organizaciones sufragistas o asistían a marchas.
En esta nota vamos a ver:
– cómo fueron utilizadas las ilustraciones por los anti-sufragistas para instalar en el imaginario social que los votos de las mujeres serían desastrosos para la vida de familia y sociedad en general;
– cómo las organizaciones sufragistas aprovecharon el valor propagandístico de las postales como un correctivo visual de lo que veían como una imagen engañosa de su campaña orquestada por oponentes anti-sufragio.

Propaganda anti-sufragista
Las postales promovidas por los anti-sufragistas caracterizaban a las activistas como mujeres amargadas o figuras combativas y masculinizadas Se las mostró histéricas e incompetentes, intelectualmente inferiores a los hombres y emocionalmente inestables. Sus esposos eran agredidos por ellas y sus hogares lucían descuidados. Las postales con estos temas fueron diseñadas para demostrar que reconocer derechos políticos a las mujeres sería desastroso para la vida familiar y la sociedad en general.
Los editores de estas postales documentaron lo que estaba sucediendo en la sociedad y proporcionaron una idea de lo que podía ser la vida cotidiana de una sufragista. En los comienzos, tuvieron dificultades para retratar a las sufragistas militantes. Hay que considerar que en aquellos años no existía la televisión y aparecían muy pocas fotografías en los periódicos. Los artistas y diseñadores tenían poca idea del aspecto que presentaban las activistas pro-sufragio. Por lo tanto, tuvieron que basarse en el simbolismo disponible, tomando como base las ilustraciones de periódicos populares victorianos y eduardianos, como la satírica Revista Punch.
Por lo general, tomaron como modelo la imagen de la activista Lydia Becker, quien había muerto en 1890. Muchas postales muestran sufragistas parecidas a ella, aunque había vivido dos décadas antes y lucía con un aspecto de su época, siempre con anteojos, cabellos peinados en rodete y con un sombrero tirolés. Su aspecto masculino y estilo combativo representó la nueva militancia. Así, vemos que la iconografía del sufragio se alineó con la tradición de caricatura política y produjo confusión sobre el significado e impacto del voto femenino, lo cual pronto se reflejó en las satíricas postales que se emitieron. Las sufragistas eran dibujadas luchando con policías, compareciendo ante la Corte o ridiculizadas en público; a menudo eran caricaturizadas feas, histéricas, varoniles o incompetentes.
La postal “Nuestro próximo parlamento”, del editor escocés Cynicus, predice un Parlamento dominado por las mujeres. Estas se presentan intercambiando golpes de puño, coqueteando, durmiendo, discutiendo, y claramente diferenciadas de los hombres, dibujados en actitudes tranquilas, azoradas o de hartzgo; incluso, puede verse una mujer dando el pecho a su bebé. Lydia Becker, 20 años después de su muerte, todavía está presente la parte posterior de la postal, con sus eternos anteojos y rodete.

Un típico argumento antisufragista señalaba que las mujeres eran intelectualmente inferiores de los hombres y emocionalmente inestables. Los editores de postales mostraban cruelmente a científicos comparando cerebros masculinos y femeninos, estos últimos mucho más pequeños. Además, el “contenido” de los pensamientos y reflexiones de las mujeres se restringía a items hogareños: moda, casamiento, pareja, hogar, mascotas, actividades sociales livianas como intercambio de correspondencia o compra de golosinas. La imaginería vinculada al mundo femenino cercenaba toda posibilidad de ver a la mujer vinculada a actividades académicas, políticas o con algún tipo de contenido social e incidencia en la comunidad.
Otro tema que se destacaba regularmente en las tarjetas de la época eduardiana era la idea de que obtener el derecho al voto significaría destruir la vida familiar. Las tarjetas retrataban conflictos domésticos o las consecuencias de que las mujeres abandonaran la casa simplemente porque podían votar. Con este fin, los anti-sufragistas se basaron en la ideología victoriana de los mundos propios de cada género, recalcando que los votos reclamados por las mujeres resultarían un desastre para las familias. Tal desprecio era común y tuvo que ser soportado por las mujeres durante muchos años. Estas postales muestran a esposos dóciles y a cargo de las tareas domésticas y los hogares descuidados.
Propaganda de las organizaciones sufragistas
Las organizaciones sufragistas utilizaron las tarjetas postales para mostrar las personalidades carismáticas de las líderesas del movimiento, sus logros académicos, posición en la sociedad y todo lo que representaban. Otras postales tenían la intención de demostrar no sólo la fuerza de apoyo a la causa, sino que también llevaban el mensaje de que sus simpatizantes no eran la horrible amenaza para la sociedad que retrataban las postales anti-sufragio.
La manera obvia para que las mujeres removieran el anti-feminismo de las campañas anti-sufragistas fue orquestar su propia propaganda utilizando también tarjetas postales. Esto lo hicieron desde los primeros años de la época eduardiana, dedicándose a producir tarjetas que muestran fotografías de sus dirigentes con aspecto femenino y confiable para revertir la publicidad adversa de los antisufragistas. Las postales estaban hábilmente diseñadas para presentar a estas mujeres a un público más amplio, mostrándolas dignas del derecho al voto. El mensaje transmitido a través de sus imágenes, es que las sufragistas eran mujeres sensibles, serias y bien educadas. Estas tarjetas se vendían en tiendas y sucursales de las organizaciones sufragistas y se distribuían para publicidad.Otra forma en que los sufragistas contrarrestaron la campaña antisufragista fue asegurar un registro documental de sus protestas En las postales referidas a marchas y procesiones, la idea no era sólo demostrar la fuerza del apoyo a su causa, sino mostrar los tipos de mujeres que la defendían. Los espectadores, los periodistas y los editores podían ver que estas mujeres no eran los monstruos desalmados descriptos por la prensa y representados en las postales. Eran disciplinadas y apasionadas, pero también elegantes y femeninas.-
(Publicada en Noticias Electorales el 16 de noviembre de 2016)