En el año 1986 ya encontramos un antecedente de acción ciberactivista: PeaceNet. Éste era un servicio de newsgroup, que permitía a los activistas comunicarse a través de los países y fronteras con relativa facilidad y velocidad, utilizando el sistema BBS (Bulletin Board Systems) y las listas de correo.

            Más tarde, en 1990, se produce el llamado “Caso Lotus”, muy conocido para los estudiosos de las cuestiones de privacidad y el uso de tecnologías digitales; éste es conocido como uno de los primeros usos de Internet como una herramienta para el activismo. El 10 de abril de 1990, Lotus anunció el lanzamiento de una base de datos de marketing directo de correo electrónico que contendría los nombres, direcciones y hábitos de consumo de más de 120 millones de ciudadanos norteamericanos. Si bien no se trataba de información secreta, lo que preocupó a muchas personas fue que estuviera disponible en una base de datos contenido en un CD-ROM.

            De inmediato se inició una campaña masiva de correos electrónicos y boletines on line donde se incluía cómo contactar a Lotus y un formato de carta para ser enviada a la compañía. Más de 30.000 personas contactaron a Lotus y solicitaron que sus nombres fueran quitados de la base de datos. El 23 de enero de 1991 la empresa anunció que cancelaba el producto.

            Pero el ejemplo más temprano sobre envío de correo electrónico masivo como una forma de protesta y activismo online se dio en Gran Bretaña en el año 1994 y fue organizada por el grupo conocido como The Zippies para protestar contra el Proyecto de Ley de Justicia Criminal que penalizaba las fiestas rave al aire libre y la música con beats repetitivos.  Esta acción se conoció como Intervasion of the UK.

            El 5 de noviembre de 1994, en el Día de los Fuegos Artificiales (conocido también como Guy Fawkes Day, Bonfire Night, Cracker Night o Fireworks Night) la Intervasion of the UK comenzó a bombardear con correos electrónico al gabinete de John Major y a empleados del Parlamento británico para provocar una sobrecarga en los servidores. Los sitios web del gobierno estuvieron fuera de servicio cerca de una semana. Esta forma de protesta se conoce como Email Bomb y es una forma de DDoS (denegación de servicio distribuido).

            El evento solo fue difundido por Radio Berkeley porque los medios se rehusaron a darle prensa a esta acción de desobediencia civil. En cambio, la atención pública se centró en el problema de las raves ilegales y en los hackers de sombrero negro, mientras que The Zippies fueron ignorados, caracterizándolos solo como electrohippies.

            La Electronic Frontier Foundation fue crítica de esta acción, lo mismo que el Whole Earth 'Lectronic Link (WELL) BBS, que focalizó sus comentarios en torno al uso del lenguaje militante. La naturaleza misma de la protesta se puso en cuestión.

            Tres años más tarde aparecen lo que podemos llamar las sentadas virtuales. En 1997 se produjo la Masacre de Acteal, en Chiapas (México) y en reacción a la misma un grupo llamado Electronic Disturbance Theatre creó un software llamado FloodNet, que perfeccionaba ensayos previos de sentadas virtuales. El grupo presentó su creación en el Ars Electronic Festival on Information Warfare, y lo lanzó contra sitios de la presidencia mexicana, el Frankfurt Stock Exchange y el Pentágono, en solidaridad con el EZLN. Otro grupo llamado Anonymous Digital Coalition también se solidarizó por la Masacre de Acteal y comenzó a postear mensajes llamando a los ciberataques contra cinco instituciones financieras domiciliadas en la Ciudad de México, consistente en hacer que miles de personas de todo el mundo ingresaran al mismo tiempo en los sitios web de dichas empresas, para sacarlas del sistema de manera temporaria. Siguiendo con el EZLN, en 1998 utilizó las comunicaciones descentralizadas para trabajar en red con activistas de distintos países y contribuyeron a crear el grupo antiglobalización Peoples Global Action (PGA) para protestar contra la Organización Mundial de Comercio en Génova.




            El mundo está azorado por las manifestaciones y las denominadas acciones ciberactivistas que se han producido en los últimos años en Egipto, en España, en Brasil, en Venezuela, en el mundo. Periodistas y políticos se asombran porque la gente sale a la calle, porque no presentan una queja unificada, porque se convocan a través de las redes sociales y se comportan con una lógica fragmentada conforme los distintos grupos de manifestantes. Parece que no se dieron cuenta que estamos viviendo en un nuevo escenario en el cual ya no existe un canal único de expresión. Existen múltiples problemas, múltiples reclamos sociales, múltiples formas de hacerlos visibles. Utilizar las redes sociales no es sólo un pasatiempo; constituyen también la posibilidad de multilocalizar nuestros mensajes, colectivizar nuestras emociones y atemporalizar las conversaciones. Jamás se había tenido la posibilidad de pensar algo, escribirlo, publicarlo en el momento y compartirlo de inmediato con miles de personas.

            Cabe que nos preguntemos, entonces, qué es el ciberactivismo.

            Si dirigimos la mirada hacia el mundo de la tecnología y leemos una de sus publicaciones más conocidas, PC Magazine, encontraremos que Ciberactivismo es aquel que utiliza “correo electrónico, blogs y redes sociales para hacer pública una causa a través de la diseminación veloz de información que normalmente no está disponible en canales oficiales y medios de comunicación”.El ciberactivismo también es conocido por otros nombres; así lo encontraremos como activismo de internet, incidencia electrónica, e-campaña, e-activismo, organización online, activismo online, campaña digital, activismo digital…

            Steve Jones, fundador de la Association of Internet Researchers, señaló la necesidad de reorientar el foco de las investigaciones desde la presencia concreta de Internet hacia las redes de personas; desde qué constituye el poder en el ámbito de las computadoras hacia preguntas acerca de cómo está constituido el poder en redes de actividad humana. La cuestión de privilegiar Internet por sobre las personas – el qué sobre el cómo- es una tensión significativa que aparece en el campo de la investigación basada en Internet.

            Así, si al referirnos al ciberactivismo privilegiamos los instrumentos (las herramientas tecnológicas) por sobre la forma de realizar incidencia desde un medio digital, tendremos una visión distorsionada del mismo. Como decimos en los talleres, ciberactivismo no se trata de saber usar Facebook y Twitter: es saber cómo circula la información en las redes y cómo generar mensajes que ocasionen impacto.

            A los efectos de mis investigaciones, he elaborado una definición estrictamente funcional a estos fines: acción ciberactivista es toda acción digital o acción analógica potenciada por medios digitales, tendiente a generar incidencia sobre cuestiones determinadas.

            Por otra parte, cuando hablamos de desobediencia civil electrónica (también conocida como hacktivismo) estamos haciendo referencia a un tipo de desobediencia civil en el cual las personas utilizan las tecnologías para llevar adelante sus acciones de protesta contra una norma que se tiene obligación de obedecer. El término “desobediencia civil electrónica” fue acuñado por el colectivo Critical Art Ensemble y apareció en un escrito titulado Desobediencia civil electrónica y otras ideas impopulares”, de 1996. La desobediencia civil electrónica busca continuar las prácticas de no violencia y protesta disruptiva de las cuales fue pionero Henry David Thoreau, quien publicara en 1848 Desobediencia Civil.

            Tanto el ciberactivismo como la desobediencia civil electrónica se valen de un uso disruptivo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).-




Aquí debajo puede ver insertado el artículo aparecido en Noticias Electorales. Puedes hacer scroll para leerlo aquí o acudir directamente al link original.



Material proporcionado  por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional: