Arde Argentina

Argentina está que arde: el calor es de leyenda y los argentinos no recordamos un diciembre igual desde hace casi cincuenta años. Para empeorar las cosas, no tenemos energía eléctrica: en la Década Ganada (ganada por los que roban con y desde el Gobierno) perdimos todos. Y perdimos, entre otras cosas, un buen servicio de energía que pueda hacer frente a la demanda actual de los argentinos.

El problema actual nos está haciendo olvidar que hace pocos días ardíamos en el fuego de los saqueos en distintas ciudades del país.

Y los saqueos nos estaban haciendo olvidar los accidentes ferroviarios en los que tantas personas han perdido la vida por irresponsabilidad y falta de controles.

Claro, los trenes nos distraen un poco de los infinitos problemas de corrupción. Ya nadie habla de las valijas de Antonini Wilson porque tenemos para divertirnos con las felonías del vicepresidente Boudou, las revelaciones de Leo Fariña y la ruta del dinero K, las aventuras de Jaime, Héctor Capacciolli y la mafia de los medicamentos y la investigación por asociación ilícita de Julio De Vido, Néstor Kirchner, Jaime, Rudy Ulloa, Carlos Zannini, Cristóbal López y Lázaro Báez.

Todo esto es sobrevolado por los aleteos del cepo cambiario, las muertes derivadas por la inseguridad y los continuos ataques a los medios de prensa.

Entonces, la gente protesta. Protesta y con razón. Sale a la calle, cortas las rutas, arma piquetes. No es para asombrarse: se rompió el contrato social. Ya no nos protege el Estado. dado que no actúa en nuestro nombre, dicen los ciudadanos, tomamos la cuestión en nuestras manos. Las herramientas preestablecidas no han servido para canalizar los reclamos: ahora se convirtieron en protesta.

La cuestión social que se resolvía implementando una política pública se ha convertido en protesta social (no ya reclamo) y no se resuelve con medidas asistencialistas.

Que se pueda cargar el celular en los centros del Gobierno de la Ciudad causaría risa sino fuera tan patético. Que se distribuyan botellas de agua es algo similar.  Que Julio De Vido publique un suplemento llamado "Un año de grandes avances en energía" en un diario oficialista produce escozor.

Necesitamos que alguien asuma responsabilidades y comience a implementar medidas que lleven a una solución. da vergüenza que nadie salga a dar la cara y se hayan ido de vacaciones mientras el país tiembla ante la medida del desatino.

Y encima de todo hay que soportar a quienes se enojan con los vecinos que protestan. Ya los quisiera ver yo después de estar quince días sin luz, sin agua, sin medicamentos ni posibilidad de consumir alimentos frescos… ¿Qué se supone que tienen que hacer? Claro que hay que dar un paso más: al frente de los vecinos tendrían que estar sus legisladores, sus concejales, los dirigentes de los CGP de la Ciudad de Buenos Aires… Los vecinos tendrían que articular las protestas y formar una red que los ayude a movilizar, circular, visibilizar y hacer efectivos los reclamos. El piquete muere en el piquete. Se apaga cuando se apaga el fuego de los neumáticos. La protesta debe circular, crecer y tornarse efectiva para conseguir soluciones concretas. Hay que pasar de la queja al reclamo y de allí a la incidencia activa. En la medida que los ciudadanos se movilicen de acuerdo a la brújula de sus intereses, nada cambiará. Aunque se resuelva mi problema, hay que seguir activo hasta que no quede un solo barrio con problemas.

No se puede ser tibio cuando Argentina arde.