Ponencia en el II Intercambio Internacional de Juventudes (El Salvador) 5 de noviembre de 2013

El tema que deseo analizar, las nuevas tecnologías para la incidencia política en redes juveniles, está vinculado a las multitudes inteligentes y las comunidades usuarias de tecnologías digitales. Así, presentaré algunas ideas que deben considerarse al momento de trabajar con estas redes.
Voy a referirme a cuatro puntos fundamentales para mi construcción:
- la innovación disruptiva de las tecnologías 2.0
- la apropiación y representación subjetiva de las herramientas digitales
- la dinámica de las redes
- la incidencia en el mundo analógico a través de herramientas digitales.

La innovación disruptiva de las tecnologías 2.0
En el mundo de las tecnologías, como en tantas otras áreas, podemos hablar de posturas distópicas y posturas utópicas. Entre los autores utópicos (optimistas) respecto a las consecuencias sociales del desarrollo de las comunidades virtuales, encontramos a Howard Rheingold. Fue Rheingold quien, justamente, acuñó el término comunidad virtual lo mismo que el concepto multitudes inteligentes (smart mobs), una forma de organización social que nace y se estructura a través de las TIC[1].
El tema que analizaré, como comenté más arriba, está vinculado a las multitudes inteligentes y las comunidades usuarias de tecnologías digitales que las utilizan de modo disruptivo.
La disrupción no radica únicamente en generar un cambio revolucionario en la tecnología o el mercado, sino en sorprender con soluciones inesperadas. La innovación puede presentarse de diversas maneras: como innovación sustentable y como innovación disruptiva.
La innovación sustentable no cambia el escenario donde opera ni desea lograr mutaciones drásticas. Puede ser evolutiva (una mejora de acuerdo a lo esperado) o revolucionaria (una mejora inesperada, pero no afecta lo existente). En cambio, la innovación disruptiva crea un nuevo estado de cosas, ya que aplica nuevos valores de manera inesperada.
Facebook y Skype son ejemplos disruptivos.
Para utilizar las tecnologías digitales de forma disruptiva es necesario recordar dos cosas:
Primero: Lo importante no es la herramienta, sino la implementación.
Segundo: Hay que alejarse de viejos paradigmas y construir algo nuevo.
Hay dos frases, una de Henry Ford y otra de Steve Jobs, personajes disruptores por definición, que siempre me han parecido muy ilustrativas de este punto:
“No es asunto del consumidor saber qué es lo que quiere” (Steve Jobs)
“Si yo hubiera preguntado a la gente qué es lo que deseaban, me hubieran dicho ‘caballos más rápidos’” (Henry Ford).
Eso es disrupción. Tomar un camino diferente al que todos esperan en un escenario dado.
Utilizar Twitter para realizar entrevistas y dar clases. O como un muro dinámico. Usar los grupos de Facebook como cuaderno de notas, como espacio de reuniones, como sala de prensa. Convertir las aplicaciones de audio en radioemisoras minimalistas. El uso innovador e inesperado de una tecnología la vuelve disruptiva.
Y para llegar a la disrupción, es necesario proceder primero a la apropiación subjetiva de estas herramientas.

Apropiación y representación subjetiva
La apropiación como concepto referido a las tecnologías de la información y comunicación fue trabajado inicialmente por investigadores franco-canadienses en los primeros estudios al respecto en las décadas de los setentas y de los ochentas; estos investigadores deseaban desarrollar una sociopolítica de los usos que resaltara la dimensión conflictiva de la apropiación de las tecnologías en el seno de las relaciones de producción y de reproducción de la economía capitalista.
Respecto de la apropiación, resulta interesante la reflexión que realiza Serge Proulx, sociólogo francés que estudia la apropiación social de las tecnologías de la información y la comunicación en las sociedades contemporáneas. Comenta el autor que Internet fue americana (estadounidense, aclaro yo) desde su nacimiento, involucrada con las fuerzas armadas, universidades, y después, las fuerzas del mercado capitalista. Así, la red estuvo teñida desde el comienzo por el lenguaje anglo-americano, lo cual se nota en los protocolos de interconexión y en los programas de software. Pero con el paso del tiempo, su uso se esparció por el mundo y los modelos culturales en torno suyo son ahora más plurales y heterogéneos, distanciándose gradualmente de la cultura angloamericana de origen
Otro autor, Michel de Certau, señala en sus trabajos cómo las prácticas de los usuarios marcan una diferencia con el programa que tratan de imponer las industrias culturales. Los usuarios son imprevisibles y, como tales, modifican y desvían los servicios que les son ofrecidos con otros usos que ellos prefieren.
En una línea similar encontramos a Manuel Castells, quien señala la doble perspectiva de la apropiación tecnológica: lo que Internet nos hace a nosotros y lo que la gente le hace a Internet.
Proulx formula la hipótesis siguiente: un uso significativo de las utilidades de Internet puede llevar al usuario a participar plenamente en la sociedad global de hoy; los nuevos mecanismos que posibilitan hacerse ver y escuchar han hecho visibles a actores emergentes hasta hoy desconocidos.
Para que se dé la apropiación social el contacto con la tecnología debe producir un cambio sobre las prácticas sociales asociadas con esa tecnología y, luego, quienes se apropian deben ser capaces de regular el resultado del cambio en sus prácticas sociales.
En 2004 Proulx escribió una obra llamada La révolution Internet en question, donde se refiere al modelo mental como la representación subjetiva que un usuario se hace del objeto técnológico del que intenta apropiarse. Esa representación subjetiva está en función de lo que la persona sabe, sospecha, intuye respecto del objeto y su tecnología, de las posibilidades que supone puede brindarle y de la disposición que tiene frente a los artefactos, lo cual podría llamarse cultura tecnológica. Otro concepto al que se refiere Proulx es el de proceso de apropiación de Internet, que se define por tres condiciones: la accesibilidad, la comprensión del manejo de los artefactos y la producción de contenidos.

Dinámica de redes
Para hablar de redes es necesario que nos remontemos a los estudios realizados por Paul Baran en 1964. Al analizar la estructura de las comunicaciones, Baran descubrió que en una red centralizada, la desconexión del nodo central destruye inmediatamente toda la red mientras que en una red descentralizada, al eliminar uno de los nodos centrales, la red no desaparece completamente. Baran pensó en la posibilidad de que existiera una red en la que, al eliminar cualquier nodo, ningún otro quedará desconectado: la denominó red distribuida y más adelante sería conocida como Internet.
Basados en lo que antecede, podemos decir que los modelos de trabajo en red, sobre todo focalizando en ciberactivismo, son tres:
a) modelo centralizado, donde las acciones son propuestas desde el centro y desde allí se difunden las ideas.
b) modelo descentralizado, en el que existen varios nodos dinamizadores que acumulan y distribuyen información;
c) modelo distribuido, en el que no existe un nodo dinamizador y las acciones surgen desde los nodos, con un debate distribuido que produce consecuencias no previsibles a primera vista.
Pero además de comprender cómo circula la información y qué dinámica prevalece en una red, debemos conocer por quiénes está constituida. Así, no será lo mismo si la mayoría de sus miembros pertenecen a la generación de los baby boomers (1946-1964), la generación X (1965-1979) o los millennials (1980-2000). Los estilos de comunicación y de trabajo varían significativamente de una a otra generación.

La incidencia en el mundo analógico
a través de herramientas digitales
La participación digital es diferente de la participación analógica y para analizarla debemos conocer cómo es la interacción de las personas con la información mediada por los artefactos tecnológicos.
El usuario de tecnologías de la comunicación e información (TIC) ha pasado por distintas etapas desde la década del ochenta hasta el día de hoy. Sus intereses fueron variando como así también las posibilidades de interacción en el mundo virtual:
- la primera generación de usuarios estaba integrada por académicos, estudiantes y hackers (que siempre están, en todos los períodos);
- en la segunda generación de usuarios encontramos consumidores, jugadores en línea, emprendedores;
- la tercera generación es la de los usuarios interactivos;
- la cuarta generación es la de los youtubers y quienes buscan fama por Internet;
- la quinta generación es la de los “ciudadanos de internet” (netizens), totalmente inmersos en el ciberespacio.
Situándonos en el momento actual, las formas de participación son variadas y se cuenta con una amplia gama de posibilidades: se puede hacer desde lo mínimo, (como por ejemplo, leer un artículo en un sitio web) hasta lo máximo (tener blog, cuenta en redes sociales, hacer activismo on line, etc).
Un grupo de profesionales de Forrester Research realizó un trabajo de investigación que arrojó como resultado una escalera de la participación en línea, en la cual cada peldaño representa a un tipo de usuario de Internet. A esto llamaron tecnografía social; ésta clasifica a las personas de acuerdo al uso que hacen de Internet. Conforme al estudio del año 2010, los usuarios son clasificados en siete niveles de participación, desde el que tiene menos actividad hasta el que utiliza todas las posibilidades:
1) inactivos: no crean ni consumen contenidos.
2) espectadores: consumen contenido social como blogs, videos creados por otros usuarios, podcasts.
3) adherentes: se conectan en redes sociales, como Facebook, MySpace, etc.
4) organizadores: organizan contenido, etiquetan, crean listas, para sí o para otros.
5) críticos: responden al contenido de otros. Editan wikis, formulan críticas, participan en foros.
6) conversadores: dan a conocer su opinión a otros usuarios de la red y empresas.
7) creadores: hacen el contenido social que otras personas consumen. Escriben blogs, suben videos y música, comparten fotografías.
Debemos señalar que una persona, en distintos momentos, puede estar ubicada en peldaños diferentes e incluso, participar de más de una categoría.
Es importante considerar estas características por dos razones: una referida a las personas que forman parte de nuestros grupos de trabajo y otra enfocada al público al que deseamos llegar con nuestro mensaje y realizar incidencia. Conociendo estos estilos de participación, se puede diseñar una estrategia para aprovechar oportunidades y eliminar amenazas. Debemos averiguar cuán sociodigitales son las personas, recordando que también influye la generación a la que pertenece el público receptor de las acciones.
Y hablando de público receptor, es conveniente desagregarlo en dos grandes grupos (que a su vez admiten subdivisiones en las que no abundaremos aquí): un grupo está constituido por aquellos sobre los que se realizan las acciones de incidencia (un poder del Estado, un grupo empresarial, un partido político) y el otro grupo es el público en general que al principio funge como espectador pero que después puede pasar a unirse a las acciones de incidencia.
Nunca debemos olvidar que el individuo está en la raíz del tema en análisis. El individuo con una causa. El individuo que, en algún momento, se une a otros (o se le unen) para llevar adelante su objetivo: instalar su causa y hacerla triunfar. Este individuo (o grupo u organización o partido político) elige y desarrolla una de muchas estrategias posibles para cumplir su cometido. Y una vez elegida una estrategia, selecciona qué recursos le serán útiles para llevar adelante su plan y lograr sus objetivos. Como ven, existen al menos tres etapas en este análisis:
- En la primera etapa, se encuentra el activista, el militante. Puede abocarse a una causa social desde una OSC o desde la militancia en un partido político. Puede no pertenecer a organización alguna y decidir trabajar en solitario, aunque en algún momento recurrirá a otras personas, aunque más no sea para difundir su mensaje. En esta etapa debemos estudiar y analizar a las personas y organizaciones, a las redes, asociaciones, coaliciones, frentes, desagregando a los colectivos. Es decir, a los actores sociales y políticos. También debemos estudiar la problematización de la cuestión social que busca ser ingresada en agenda.
- En la segunda etapa encontramos las estrategias posibles para llevar adelante la causa que se promueve. Su instalación. Las distintas acciones de incidencia, acción colectiva, cabildeo. La advocacy. El lobby. Las distintas formas de militancia. El posible modo de actuar según los distintos tipos de redes. La estrategia elegida se vincula estrechamente con las herramientas que se utilizarán y a su vez está condicionada por los recursos de que se dispone.
- En la tercera etapa hallamos, finalmente, las herramientas que utilizará el individuo para ayudarse en la instalación de su causa. Puede valerse de herramientas analógicas, digitales o de ambas.
Reducir la incidencia con herramientas digitales al uso de Facebook y Twitter es mutilar un área rica y multifacética.
Ahora bien: para desarrollar una estrategia debemos conocer el escenario y los actores que la llevarán adelante. De nada sirve utilizar fórmulas que fueron exitosas en otros contextos. Por eso es importante saber cuál es el estado de la conectividad en el país y el uso de las tecnologías 2.0 por los ciudadanos.
De acuerdo con estudios realizados por iLifebelt en Centroamérica en enero de 2013, los usuarios móviles (que se conectan a Internet mediante smartphones) constituyen el 28%. La edad promedio de estos usuarios es de 25 a 30 años, con nivel educativo universitario, empleados a tiempo completo y se conectan de forma continua. Tienen una antigüedad de cinco años promedio en las redes sociales y utilizan Internet para comunicarse con amigos y familiares, leer información y noticias, compartir contenido y subir fotografías.
El Salvador cuenta con 1.536.040 usuarios de Facebook, ocupando el tercer lugar en cuanto a usuarios después de Guatemala y Costa Rica. Casi el 70% de los usuarios de redes sociales en El Salvador son hombres, el 38% son universitarios y el 22% son usuarios de 25 a 30 años. Respecto de la utilización de redes sociales en el lugar de trabajo, en El Salvador el 34% de los usuarios afirma que no tienen permitida la utilización de estos canales en sus organizaciones.
En el área metropolitana de El Salvador, el 82,5% de la población accede con alguna frecuencia a Internet. Lo hacen desde su casa (85,6%), utilizando smartphones (27,6%) y desde el trabajo (18,5%). El 84,5% es usuario de Facebook, mientras que Twitter cuenta con el 12% de usuarios y solo el 3% tiene cuenta en YouTube.
Todos estos datos son importantes al momento de diseñar estrategias de incidencia utilizando herramientas 2.0. Decidir cuál será la red social elegida, si es mejor usar canal de video o no, si es mejor centrar esfuerzos en Facebook, Twitter o ninguno de ellos es fundamental para poder avanzar sobre firme. De nada vale armar una fabulosa campaña centrada en Twitter si solo el 12% de los usuarios del área metropolitana de El Salvador tiene cuenta en la red de microblogging, salvo que se trate de llamar la atención de usuarios del exterior.

Conclusiones
Para que puedan realizarse acciones de incidencia efectivas utilizando tecnologías digitales (conocidas como herramientas 2.0), necesitamos primero que las personas que las utilizarán se hayan apropiado de ellas, las hayan comprendido y hayan resignificado su uso.
Es importante tener claro quiénes son las personas que utilizan las tecnologías porque de acuerdo a su generación de pertenencia, se sentirán más cómodos con distintos estilos de trabajo y comunicación.
Estas personas deben estar organizadas en red, de preferencia bajo la forma de red desconcentrada, para asegurar la circulación de la información y las acciones disruptivas. Esta red debe contar con una estrategia que determinará cuáles herramientas analógicas y cuáles herramientas digitales utilizará para llevar a cabo las acciones de incidencia.
La estrategia debe basarse en los datos de conectividad y uso de las redes sociales de la población con la cual se desea trabajar en acciones de incidencia, tanto como actores de las acciones o receptores de las mismas.-


[1] Tecnologías de la Información y la Comunicación.