¿Ciber qué...?

Los que me conocen saben que, cuando me preguntan por ciberactivismo, repito siempre lo mismo: no es suficiente utilizar las redes sociales y tener muchos amigos en Facebook. Hay una especie de reducción funcional a la comprensión veloz de los temas la que lleva a la gente a simplificar el concepto.


Tan dificil como explicar el ciberactivismo es responder a qué me dedico en una reunión social: 

- Soy abogada, si, pero no ejerzo. Me especializo en las relaciones de los ciudadanos con el Estado mediadas por la tecnología.
- Eso es Facebook, ¿no?
- ¿Qué cosa?
- La tecnología: es Facebook, los jueguitos... lo que usan los chicos para perder el tiempo.
- No, no. Es mucho más: son tecnologías para comunicarte, informarte... También incluye el uso de los dispositivos móviles...
- El teléfono.
- Bueno, si. El teléfono.
Y ahí me voy yo, tratando de buscar a alguien en la reunión que no quiera preguntarme por mi labor profesional. Eso, hasta que algún amigo se acerca con su Blackberry y me dice:
- Vos que andas con los telefonitos, ¿no te fijas por qué se me cuelga?

Dejemos que caiga un compasivo manto de silencio y pasemos a otro escenario.

Esta vez, estamos en una reunión con personas provenientes de organizaciones de la sociedad civil. Quieren que su ONG tenga visibilidad, que sus contenidos se tornen virales, que sus seguidores en Twitter aumenten astronómicamente y que Facebook explote de seguidores. No tienen tiempo para escuchar sobre estrategias, para efectuar un análisis del escenario y de los actores que intervienen: deciden que hay que publicar 20 tweets por día y conseguir 30 seguidores nuevos por semana. Listo.

Dejando de lado que todo el enfoque es erróneo, otro aspecto suele ser descuidado: ¿quien maneja las cuentas de las redes sociales? La respuesta: quien tenga tiempo. El secretario, el sobrino del Director Ejecutivo, la hija del Presidente de la Fundación. Todos. Nadie.

Esta es la mise en scene en la que tratamos de trabajar quienes nos dedicamos a la participación mediada por las tecnologías digitales. Es dificil de explicar la actividad y nadie tiene tiempo de escuchar de que se trata.

Como ven, hay dos términos importantes a considerar: participación y tecnologías digitales. El ámbito de la participación política y ciudadana es muy extenso y complejo y las tecnologías digitales son un campo en constante evolución. Cuando se nos consulta sobre las mejores herramientas para el activismo, tenemos que analizar la cuestión desde estas dos ópticas y llegar al cruce donde ambos campos confluyen para encontrar las mejores estrategias y herramientas.

Por supuesto, no hay una receta universal. Lo que sirvió en Egipto no es óptimo, necesariamente, para Argentina. Lo seguidores virtuales no reemplazan los contactos personales. Numerosas adhesiones en un muro de Facebook no se traducen automáticamente en una marcha multitudinaria. Hay que trabajar con seriedad, estudiar, analizar, actualizarse a diario. Es necesario diseñar estrategias, probar herramientas, aprender a conversar otra vez.

Porque de eso se trata el mundo que nace a partir de la web 2.0: un mundo donde lo importante es la conversación, no el discurso.