Haciendo click sobre el mapa podrás obtener más información.
Existen dos modelos básicos de estrategias en el ciberactivismo:
a) modelo centralizado: es el propio de las lógicas de campaña y el más habitual. Las acciones son propuestas desde el centro y desde allí se difunden las ideas. Así, el nodo central:
- es el dinamizador
- propone un tema
- propone un antagonista
- propone objetivos que defender
- propone la forma de movilizarse

b) modelo distribuido: las acciones surgen desde los nodos (no existe un nodo dinamizador), con un debate distribuido que produce consecuencias ab initio imprevisibles. Los nodos:
- inician un tema
- se produce un proceso deliberativo
- no hay control de las formas que adoptará dicho proceso
- no hay tutores del proceso.
A quienes le interese el tema, les sugiero la lectura de “El poder de las redes”, de David de Ugarte.-












El mundo está azorado por las manifestaciones en Brasil. Periodistas y opinólogos se asombran porque la gente sale a la calle, porque no presentan una queja unificada, porque se convocan a través de las redes sociales y se comportan con una lógica fragmentada conforme los distintos grupos de manifestantes.
Parece que no se dieron cuenta que estamos viviendo en un nuevo escenario en el cual ya no existe un canal único de expresión. Existen múltiples problemas, múltiples reclamos sociales, múltiples formas de hacerlos visibles.
La tecnología es algo más que una play-station e Internet sirve para algo más que jugar Angry Birds. La gente no solo postea fotos de sus mascotas en Facebook: también comenta, discute,opina. Hace unos años nos enterábamos de las cosas escuchando la radio, mirando los noticieros de los canales de aire y leyendo las ediciones matutinas y vespertinas de los diarios. Desde que salía el periódico de la mañana hasta que llegaba a nuestras manos el de la tarde, vivíamos en un limbo interrumpido solamente por las transmisiones de radios am. Las radios FM solo transmitían música. La televisión por cable llegó a nuestros hogares en los años 90, de modo que solo teníamos los canales de aire con sus noticieros del mediodía y de la noche. Los canales de televisión no transmitían durante las 24 horas: lo hacían entre las 10 de la mañana y las 12 de la noche… y no todos.
Yendo a una época anterior, aquella en que los gobiernos militares se turnaban en el poder, para poder enterarnos de lo que sucedía en Argentina, muchos acudíamos a los radioaficionados o a las transmisiones radiales de Radio Colonia, de Uruguay.
Si sucedía algo en Rosario, tardábamos en enterarnos en Buenos Aires. No había teléfonos celulares. Pocas personas tenían fax. Estamos hablando de mediados de los años 80, cuando Madonna cantaba “Like a Virgin” y Michael Jackson nos deslumbraba con su  baile. Épocas de Soda Stereo (que yo escuchaba en cassette) y de “Volver al Futuro” en VHS, que alquilaba en el video club. Ya existía MTV, pero teníamos walkman en lugar de IPod.
Mi primera computadora la compré en el año 1993, una Compacq Presario super-moderna. Mi primer celular lo adquirí también en 1993. No tuve Internet en casa hasta el año 1999. Marck Zuckerberg y sus amigos crearon Facebook en 2004 y Twitter apareció en 2006.
¿Qué quiero decir con esto?
Que no era fácil comunicarse. Ahora estamos hiperconectados, pero unos años atrás (y no estoy hablando de cincuenta años, sino de quince o veinte) no era tan simple estar en contacto, organizarse, encontrarse.
¿Cómo avisarle a un amigo que había una marcha de protesta organizada por el centro de estudiantes? ¿como avisar a la familia que había nacido un bebé? ¿cómo se enteraban que alguien se había recibido? ¿cómo nos saludábamos para Navidad? Muy sencillo: íbamos a sus casas; si tenían teléfono, los llamábamos; enviábamos tarjetas por correo postal, haciendo la cola, comprando sobres y estampillas, usando un buzón. Las circulares y comunicados se hacían en mimeógrafo primero y con fotocopias después.
Hice toda la escuela primaria, secundaria y facultad sin tener computadora, como todos mis contemporáneos. Los trabajos prácticos se escribían a máquina y si nos equivocábamos al tipear, había que corregir con corrector líquido o con unos papelitos que colocábamos entre la letra y el papel para borrar el trazo anterior. Si había muchos errores, había que arrancar la hoja y hacer todo otra vez. No existía “copy-paste”: todo se leía, tipeaba y citaba al pie con todas las citas correspondientes, repitiendo lo mismo una y otra vez.
El tiempo real era distinto. Mi tiempo real de avisar que me había recibido consistió en salir de la Facultad, buscar un teléfono público y llamar a un vecino para que avise en mis padres, porque en Argentina en los 80 era muy difícil aún tener teléfono en casa.
No podíamos documentar los atropellos que sufríamos en la calle por parte de la policía u otras autoridades. No teníamos smartphones para sacar fotos, hacer un video o grabar de manera oculta. No demostrábamos nuestras adhesiones haciendo click en “Me gusta”: había que salir a la calle y unirse a la muchedumbre.No compartíamos en el muro una convocatoria: había que pegar obleas en los medios de transporte, distribuir panfletos, convencer en persona acerca de la importancia de unirse a una protesta o reclamo. La militancia política y social requería tiempo de trasladarse, estar presente y actuar. Era en horas determinadas, no cuando se nos ocurre porque no podemos dormir y nos conectamos a Internet.
Entonces, queridos opinólogos, no debe extrañarnos que ahora el descontento se manifieste más rápido, que la gente se comunique más pronto y que los grupos se organicen con mayor facilidad. No es raro que las demandas sean múltiples, porque múltiples son los reclamos. La sociedad no es homogénea, como bien querrían los detentadores del poder de turno: una sociedad homogénea es más fácil de sojuzgar. La diversidad genera múltiples voces, frentes y posibles antagonistas. En la sociedad actual los nodos trabajan de manera distribuida y no hay forma de detener la oleada una vez que comenzó. Si intentan callar una voz, la red seguirá funcionando.
Para entender estos tiempo, se necesitan nuevas categorías de pensamiento. Señores opinólogos, pónganse a pensar.
“La revolución será twiteada!”
Andrew Sullivan,
después que explotaran las protestas en Irán en Junio de 2009
 


clip_image001¿Qué es el eslactivismo? Es una palabra que deriva de dos vocablos en ingles: slacker y activism y que alude a un tipo de activismo de baja intensidad y de escaso esfuerzo, consistente en adherir a campañas on line, vestir indumentaria alusiva a campañas de ONG o colaborar mediante la asistencia a conciertos musicales cuya recaudación se destina a diversas campañas humanitarias. Últimamente se están realizando estudios acerca de la vinculación entre este concepto y las modernas campañas de advocacy y diversos activismos, dado que las OSC están utilizando cada vez más las redes sociales y TIC en sus campañas.
El término aparece en 1995 y se dice que fue acuñado por Dwight Ozard y Fred Clark, durante el Festival de Cornerstone, al aludir a los jóvenes que preferían realizar pequeñas acciones, como plantar un árbol o adquirir un poster alusivo, en lugar de asistir a una protesta callejera. Originalmente, no fue utilizado de manera peyorativa; esta última connotación parece haber sido dada por Dan Carlin en su show radial. En el año 2001 aparece ya un artículo periodístico de Monty Phan "On the Net, "Slacktivism' / Do-Gooders Flood In-Boxes", en el que se menciona esta palabra.
Eugeny Morozov escribió un libro llamado "Net Delusion: How Not To Liberate the World", donde relata una experiencia realizada en el año 2009 por Anders Colding-Jorgensen, quien estudia el modo en que las ideas se esparcen en la red, utilizando Facebook. Jorgensen creó un grupo que apoyaba una causa ficticia para estudiar las reacciones de los adherentes y el número de personas que se unieron trepó rápidamente hasta las 27.500. Morozov arguye que cuando los costos de la comunicación son bajos, los grupos pueden rápidamente unirse  a la acción.
El Centro para  la Comunicación de Impacto Social de la Universidad de Georgetown y Ogilvy Worldwide han realizado un estudio que indica que los eslactivistas tienden a realizar acciones muy significativas, a pesar de las críticas que reciben.
Malcolm Gladwell criticó duramente a los eslactivistas en un artículo[1] del New Yorker, en el que compara acciones de activistas como las sentadas de Greensboro con las actuales peticiones on line. El artículo fue respondido por Leo Mirani en una columna[2] de The Guardian, donde afirma que si por activismo entendemos hacer que las personas tomen conciencia, cambien su modo de pensar e influir en ellas, entonces, si, la revolución será twiteada.

[1] “Small Change. Why the revolution will not be tweeted, Malcolm Gladwell, The New Yorker http://ow.ly/cLltO
[2] “Sorry, Malcolm Gladwell, the revolution may well be tweeted”, Leo Mirani, The Guardian http://ow.ly/cLlgj











 

Programa para blog

En este link está el formulario donde debes ingresar tus datos para la inscripción:  http://ow.ly/me23O

El caso Lotus es conocido como uno de los primeros casos de ciberactivismo, porque las personas utilizaron Internet como una herramienta para la defensa de sus derechos. 
El 10 de abril de 1990, Lotus anunció el lanzamiento de una base de datos de correo electrónico (de marketing directo)  que iba a contener los nombres, direcciones y hábitos de consumo de más de 120 millones de ciudadanos norteamericanos, llamada Lotus Marketplace. 
Los contenidos no constituían información secreta, pero lo que preocupó a tantas personas fue que estuviera disponible en una base de datos contenido en un CD-ROM.

Tan pronto se conoció la noticia, se inició una campaña masiva de correos electrónicos y boletines on line donde se incluía cómo contactar a Lotus y un formato de carta para ser enviada a la compañía. 
En poco tiempo, fueron más de 30.000 las personas que contactaron a Lotus y solicitaron que sus nombres fueran quitados de la base de datos. El 23 de enero de 1991, quince meses después, la empresa anunció la cancelación del producto.
Para conocer el caso con mayor detalle, pueden leer:
- "Persuasion and Privacy in Cyberspace" (1997), de Laura Gurak;
"The Lessons of the Lotus MarketPlace: Implications for Consumer Privacy in the 1990's", de Mary J. Culnan, en el link: http://ow.ly/mcRcC.


Los que me conocen saben que, cuando me preguntan por ciberactivismo, repito siempre lo mismo: no es suficiente utilizar las redes sociales y tener muchos amigos en Facebook. Hay una especie de reducción funcional a la comprensión veloz de los temas la que lleva a la gente a simplificar el concepto.


Tan dificil como explicar el ciberactivismo es responder a qué me dedico en una reunión social: 

- Soy abogada, si, pero no ejerzo. Me especializo en las relaciones de los ciudadanos con el Estado mediadas por la tecnología.
- Eso es Facebook, ¿no?
- ¿Qué cosa?
- La tecnología: es Facebook, los jueguitos... lo que usan los chicos para perder el tiempo.
- No, no. Es mucho más: son tecnologías para comunicarte, informarte... También incluye el uso de los dispositivos móviles...
- El teléfono.
- Bueno, si. El teléfono.
Y ahí me voy yo, tratando de buscar a alguien en la reunión que no quiera preguntarme por mi labor profesional. Eso, hasta que algún amigo se acerca con su Blackberry y me dice:
- Vos que andas con los telefonitos, ¿no te fijas por qué se me cuelga?

Dejemos que caiga un compasivo manto de silencio y pasemos a otro escenario.

Esta vez, estamos en una reunión con personas provenientes de organizaciones de la sociedad civil. Quieren que su ONG tenga visibilidad, que sus contenidos se tornen virales, que sus seguidores en Twitter aumenten astronómicamente y que Facebook explote de seguidores. No tienen tiempo para escuchar sobre estrategias, para efectuar un análisis del escenario y de los actores que intervienen: deciden que hay que publicar 20 tweets por día y conseguir 30 seguidores nuevos por semana. Listo.

Dejando de lado que todo el enfoque es erróneo, otro aspecto suele ser descuidado: ¿quien maneja las cuentas de las redes sociales? La respuesta: quien tenga tiempo. El secretario, el sobrino del Director Ejecutivo, la hija del Presidente de la Fundación. Todos. Nadie.

Esta es la mise en scene en la que tratamos de trabajar quienes nos dedicamos a la participación mediada por las tecnologías digitales. Es dificil de explicar la actividad y nadie tiene tiempo de escuchar de que se trata.

Como ven, hay dos términos importantes a considerar: participación y tecnologías digitales. El ámbito de la participación política y ciudadana es muy extenso y complejo y las tecnologías digitales son un campo en constante evolución. Cuando se nos consulta sobre las mejores herramientas para el activismo, tenemos que analizar la cuestión desde estas dos ópticas y llegar al cruce donde ambos campos confluyen para encontrar las mejores estrategias y herramientas.

Por supuesto, no hay una receta universal. Lo que sirvió en Egipto no es óptimo, necesariamente, para Argentina. Lo seguidores virtuales no reemplazan los contactos personales. Numerosas adhesiones en un muro de Facebook no se traducen automáticamente en una marcha multitudinaria. Hay que trabajar con seriedad, estudiar, analizar, actualizarse a diario. Es necesario diseñar estrategias, probar herramientas, aprender a conversar otra vez.

Porque de eso se trata el mundo que nace a partir de la web 2.0: un mundo donde lo importante es la conversación, no el discurso.