Baúles de recuerdos e Internet

No me gusta decir "En mi época..." porque considero que esta es mi época. Mi época son todas las épocas por las que transcurro. Prefiero decir "Antes...", "Hace unos años..."
Y hace unos años las cosas eran muy diferentes: ni mejores ni peores: diferentes. A veces nos cuesta ( a todos los que tenemos más de veinte años) recordar cómo eran las cosas allá por los años noventas, por ejemplo. Recordar es un buen ejercicio y tuve la oportunidad de hacerlo cuando me puse a releer viejos cuadernos donde escribía mi diario y cartas guardadas en un antiguo cajón. Algunas pistas para la memoria...
Primera pista: todos los sobres tenían recortado el lugar donde estaban pegadas las estampillas postales. Claro, cuando era niña se me había dado por la filatelia y ninguna carta se salvaba de mis tijeras. Y había muchos sobres, porque siempre me gustó escribir y tenía amigos por carta, pen-pals. Recuerden que no había Facebook, así que la manera de comunicarse por escrito era a través de cartas.
Los amigos los conseguía buscando en las revistas, donde había una sección de personas que deseaban escribirse con otras. También gané amigos enviando cartas al programa radial de Juan Alberto Badía, "Imagínate" y mi perfil decía que tenía 13 años y era fanática de los Beatles. No había Internet y solo teníamos cuatro canales de televisión. Tampoco había cable ni video, de modo que después de cenar, la opción era leer o escuchar la radio. La tele terminaba la transmisión a la medianoche.
Segunda pista: en mi casa no había teléfono. Hicimos miles de pedidos a la empresa telefónica de entonces, ENTEL, y la modernidad llegó recién a durante el gobierno de Alfonsín con el plan Megatel. Para ese entonces, yo ya había terminado mis estudios universitarios, de modo que hice el primario, el secundario y la universidad sin teléfono ni celular ni fax ni computadora.
Tercera pista: como dije, no tenía teléfono. Tampoco celular, claro: no se había inventado aún. Lo más cercano en mi imaginación eran las descripciones que hacía Bradbury de un intercomunicador que se llevaba en la muñeca. Así, la puntualidad y el compromiso era una regla. Si yo le decía a mis amigos que los vería el sábado a las seis de la tarde en la puerta de la Galería Jardín (¡no había shoppings!), eso sucedía: no había forma de avisar que llegaría tarde o "vamos viendo en la semana", "te llamo al celu", "te mando un mensajito".
Cuarta pista: no había computadora en los años de primaria, secundaria y universidad. Todo se hacía a mano o a máquina. Si había muchos errores de tipeo, se rompía la hoja y se empezaba otra vez. No había Google: para investigar y estudiar había que ir a las bibliotecas, hemerotecas, juntarse en la casa de quien tenía el libro necesario...
Quinta pista: no había blogs, perfiles de Facebook, redes sociales. Uno escribía y trataba de publicar. Enviaba cartas de lectores. Si nos gustaba un artista o cantante, nos reuníamos en clubs de fans para compartir fotografías. Ibamos a disquerías a buscar novedades (las FM como se las conoce ahora despuntan a fines de los ochentas), comprábamos cassetes y muchas veces eran copiados a falta de E-Mule, Kazaa y otros.
Sexta pista: las entradas a los recitales se compraban en persona. Había que hacer largas filas para acceder a ellas, tal como me sucedió con el recital de Amnistía Internacional de 1988...
Las cosas eran muy diferentes y requerían cierto esfuerzo. No se compraba por Internet, había que salir de casa y trasladarse para todo y las cosas más simples requerían una actividad física extra de nuestra parte. ¿Queríamos escuchar música? Escuchábamos lo que había o teníamos que salir a buscar a las disquerías, como dije más arriba. ¿Ver una peli? Bueno, a esperar que se estrene o que la den en algún canal de televisión. ¿No conseguimos una revista o el diario de ayer? Había que ir hasta la hemeroteca...
Pero... ¿qué tiene que ver todo esto con el ciberactivismo?
Dejo la pregunta flotando en el recientemente estrenado hiperespacio...
@martagaba