Volvamos a las normas de convivencia

Estoy indignada. ¿Por dónde empezar a solucionar los graves problemas de educación en Argentina? Y no me refiero a darle una notebook a cada chico ni a recuperar horas de clase debido a los paros docentes. Voy a algo más básico y fundamental: la educación en valores, en buenas costumbres, en las pautas mínimas para vivir en armonía en la sociedad. En el lapso de una hora viví tres situaciones que me llevaron a esta reflexión. Paso a relatar:
Situación 1: Colectivo 132, desde la Facultad de Ciencias Económicas a Flores. Llenísimo. Sube señora embarazada y nadie le da el asiento. Una mujer sugiere: “Por favor, que alguien le ceda el lugar”. Silencio absoluto. “Alguien” podía ser el joven sentado el primer asiento, la señora que ocupaba el suyo y el del acompañante sentando allí a una nena de seis años, las señoras que estaban a continuación... No olvidemos los cartelitos que dicen que determinados asientos están reservados para embarazadas, personas mayores o discpacitados. Conclusión: la embarazada tuvo que correrse hasta pasada la mitad del colectivo, done finalmente le dieron el asiento.
Situación 2: Un anciano se cae al suelo cerca de la plaza de Flores y nadie lo ayuda a levantarse. Pasan no menos de seis personas a su lado y no se detienen a auxiliarlo. Termino de cruzar la calle y voy a ayudarlo. Allí descubro que no se podía parar solo porque tenía un corsé rígido por problemas de cintura. Una vez en pie, me ofrezco a acompañarlo hasta donde necesite, pero me agradece y sigue su camino. La gente seguía imperturbable.
Situación 3: En una calle que corta Rivadavia, un señor cuidacoches (también mayor), autorizado por el Gobierno de la Ciudad, se acerca a dos jóvenes que suben a una camioneta y deciden irse sin pagar la estadía (que no es una dádiva, sino que está reglamentada y todos los de la zona pagamos). Como el cuidacoches insiste, los jóvenes agarran una barreta de hierro y amenzan con golpearlo, además de insultarlo, empujarlo y demás. Se salen con la suya: se van sin pagar. ¿Lo peor? La gente pasaba como si tal cosa.
Todo eso me indignó. ¿En qué momento dejamos de ser personas educadas? Hace unos años se le cedía el asiento a embarazadas, a los ancianos... incluso a mujeres de cualquier edad y hasta a las monjas (nunca supe por qué). Se socorría a las personas que se caían en la calle. Jamás un joven hubiera levantado la mano a una persona mayor.
Las personas comen y tiran los envoltorios en la calle. Beben y arrojan las botellas por las ventanillas de los automóviles. Orinan en los vagones del tren (lo cual se percibe olfativamente). Llegan tarde a las reuniones (de trabajo, de amigos, de familia), sin importarles un bledo que los demás queden esperando. Cruzan los semáforos en rojo. Andan en moto por la vereda (si, en Flores).
Y no voy a socializar la culpa porque sea políticamente correcto. Digo “las personas hacen tal cosa” y no “hacemos”, porque tengo educación y acato las normas sociales.
Me pliego a cualquier propuesta que decida abogar por un retorno a las normas de convivencia... pero claro, todo el mundo está tan ocupado que ya no hay tiempo, ni ganas, de preservar la sociedad en que vivimos.-
@martagaba