Para conocer a los argentinos

Muchos compatriotas nos cortan la conversación antes de iniciarla: "No, nunca vi el programa de Tinelli", "Ni loco miro a Rial", "Jamás miré a Canosa ni a Casella ni los realities". OK. Yo sí.
Da la impresión que asomarse a dichos programas nos cuelga la chapa de incultos, sin educación, semisalvajes. Perfecto. Tengo título de grado, maestría, soy docente universitaria, estudié seis idiomas y así y todo, a veces miro estos programas... ¿cómo puede ser? ¿acaso los miro por los chimentos de la farándula, por el baile del caño, por las peleas entre personajes variopintos? No. Los miro porque los ve un altísimo porcentaje de argentinos y quiero entender por qué.
Los analistas hablan como si nuestro país fuera la suma de comportamientos estancos. Por aquí, el inexplicable voto multitudinario a Cristina. Por allá, la transmisión casi en cadena de los programas de Marcelo Tinelli. Por todas partes, las peleas entre vedetongas, el tuiteo interminable de políticos y funcionarios, la precarización de la educación pública, la inseguridad galopante, la inflación y los índices de precios dibujados por el INDEC, la oposición impresentable y una elección nacional que se definirá entre distintos colores del peronismo.
Todo esto es Argentina. La suma de todo. No existe el argentino arquetípico que creemos ser: culto, que asiste al Colón, toma café en el Tortoni, visita museos, compra libros todas las semanas y ve programas sobre política, cultura e historia. Los argentinos somos más variados: vamos a la Feria del Libro pero también vemos a Susana Gimenez y bailamos cumbia en los casamientos. Miramos los programas "del Multimedio", pero también Canal Encuentro.
Por todo esto, porque hago un picoteo cultural muy rioplatense, tuve ocasión de ver ayer el programa de Jorge Rial (era feriado) y pude conocer el caso Alfano desde el inicio. Y hoy el tema siguió en todos los medios. Nuestra impredecible forma de ser llevó a un programa de la farándula a Gabriela Cerrutti y a Victoria Donda, para hablar sobre un tema sensible a todos nosotros: el rol de nuestros artistas en la época de la dictadura militar.
Ayer, lunes 22 de agosto, Joge Rial hizo la mejor explicación que escuché sobre el papel de los militares en nuestra historia reciente y creo que fue más efectiva que diez programas de canales dedicados a cultura y educación. Rial tiene más de 883.000 seguidores en Twitter y su programa, "Intrusos en el espectáculo", tiene un alto índice de audiencia. Lo que quiero decir con esto es que las preferencias argentinas están en otro lugar del que muchos desearían y es allí donde, a veces, aparecen perlitas.
En tren de confesiones, no conozco a nadie que haya votado a Cristina, ni que mire "Intrusos", ni que alguna vez haya visto "Bailando por un sueño", que haya escuchado cantar a Zulma Lobato o que conozca a Guido Suller.
Treinta años atrás todos reconocían ver a Tato Bores, escuchar a Hector Larrea y Silvio Soldán, seguir a Los Campanelli y leer la revista Gente. Hoy, los argentinos viven una existencia dual, donde una es la fachada y otras es la que se constata en la realidad.
Alguien votó a Cristina. Alguien mira a Tinelli. Alguien es seguidor de Rial. Salvo que haya una conspiración internacional en contra de los argentinos que esté instalando una realidad en la que no nos reconocemos.-