¿Estar o no estar?

Los nuevos líderes, los líderes del futuro, los líderes actuales que no desean utilizar viejas formas de comunicarse en escenarios a estrenar, necesitan conocer las nuevas formas de conversar. Estos líderes no deberían redactar discursos para leer desde un escenario sino que sería bueno que aprendan el arte de la conversación. Y actualmente, la conversación transcurre en la red.
No se trata solamente de tener un sitio web; es algo muy estático. Tampoco de tener un blog: ¿cuántas personas lo leen? Facebook: ¿es necesario estar allí? ¿es bueno tener miles de amigos a quienes ni siquiera conocemos y con los cuales no intercambiamos ni un comentario? Y Twitter: ¿a quienes debo seguir? ¿a todo el mundo? ¿a los que me siguen? ¿qué se debe twittear?
El mundo que se plantea partir del advenimiento de Internet obliga a repensar conceptos que parecían cristalizados. La simbología, los colores, la forma de expresarse, los modos de vincularse ya no son lo que eran. Los íconos gestuales ahorran palabras y aparecen en todas las conversaciones… y el léxico que surge en los comentarios de Facebook, en los twitts, en los chats, nos urgen a aprender un lenguaje global, un esperanto impensado: nos sorprendemos escribiendo LOL, poniendo hashtags, introduciendo arrobas delante de los nombres, etiquetando personas (no siempre de la forma correcta)…
Y todo queda en la web. Lo que nos gusta y lo que no. Es una especie de Gran Hermano, que todo lo ve pero también que nada olvida. Entonces hay cosas adicionales que aprender para tratar de resistir un archivo de la mejor manera posible.
¿Se es popular por tener cuatro mil amigos en Facebook y tres mil quinientos en Twitter? ¿Se convierte alguien en autoridad en una materia porque cada día agrega veinte conocidos a su lista? ¿Cómo se mide la influencia en la web? ¿Cómo puede alguien volverse influyente? ¿A quienes debo seguir y a quienes agregar cómo amigos? Muchísimas preguntas que no siempre son planteadas antes de abrir una cuenta en Facebook o en Twitter. Es mejor no estar en los social media a tener un perfil vacío, sin fotografía y donde se nota que hace meses que la persona en cuestión no se loguea.
La noticia es que existen formas de medir la influencia en las redes sociales. Y que cada uno de nosotros, por el solo hecho de tener cuenta en Twitter y en Facebook, somos analizados a diario para conocer nuestra autoridad en distintas materias. Cuando alguien me dice: “Tengo cinco mil amigos en mis tres cuentas de Facebook”, sencillamente reviso su score y veo si eso le sirve de algo. Del mismo modo, cuando alguien me dice que es un gran lobista, analizo su nivel de influencia. Es cierto, estos sistemas todavía tienen sus fallos (esta web 2.0 todavía no aprende, pero ya está cerca la web semántica) pero nos permiten tener un vistazo general de la persona que está tratando de “vendernos” su influencia.
Es por eso que no podemos siquiera pensar en liderazgos que dejen de lado el conocimiento y utilización de estas herramientas. Las campañas electorales de estos tiempos tienen lugar en los teléfonos celulares, las netbooks y las tablets, en el transporte público, en la cocina de una casa, en el patio de una facultad, en la cabina de un camión, en todos los dispositivos móviles que se nos ocurran y se suceden las veinticuatro horas. Y quien domine el arte de esta conversación social tendrá más interlocutores dispuestos a escuchar y responder.-

No tenemos mucho tiempo para desarrollar una charla sobre liderazgo. Mucho menos para pensar en un taller. Pero tal vez lo que podemos hacer es visualizar los eslabones de una cadena, o los nodos que constituyen la red de un lider.

Hace tiempo que vengo buscando imágenes y metáforas que me aproximen a la idea que tengo del lider de nuestros tiempos. Estuve trabajando el concepto de facilitador, de la persona que ayuda a que los otros descubran lo que ya saben y los guía para que logren resultados por sí solos. La idea de la persona que acompaña el crecimiento.

Este es un concepto que require de humildad intelectual, de una alejamiento de lo que llamo “soberbia académica”. El facilitador se hace a un lado, escucha, comprende, rescata los conceptos valiosos y ayuda a que se ensamblen en un todo más grande. Supone que las otras personas tienen algo que decir y que merece ser escuchado. Es un concepto muy diferente de aquel de profesor, instructor, maestro. No se les marca el rumbo a las personas: se las orienta, se las ayuda a emprender el camino, se las acompaña durante el trayecto. Dice Peter Senge que la visión tradicional del liderazgo se basa en supuestos sobre la impotencia de la gente, su falta de visión personal y su ineptitud para dominar las fuerzas del cambio, deficiencias que sólo algunos grandes líderes pueden remediar.

¿Por qué estoy contando todo esto? ¿Por qué no hablar, directamente, de los distintos conceptos de liderazgo, de técnicas de persuasion, de mercadeo politico tradicional, de captación de seguidores? Sencillamente porque todas esas cosas pueden encontrarlas en libros muy completos, en manuales, en seminarios y cursos con famosos especialistas en campañas para candidatos exitosos.


Aquí no queremos construir candidatos exitosos. Aquí buscamos promover líderes.

Lider es la persona con autoridad. El poder no tiene nada que ver con esto. Muchísimas personas han sido líderes y no han tenido poder, pero sí autoridad: la madre Teresa, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, el mismísimo Jesucristo como personaje historic. Ellos han tenido autoridad y las personas los han seguido, sin tener una pizca de poder formal. Ese es el liderazgo al que debemos mirar. El liderazgo transformador, que básicamente, es un liderazgo de servicio.

Si estuviéramos en un taller y esta fuera la primera jornada, este sería el momento de comenzar a explorar quién es cada uno de ustedes. Nos entregaríamos nuestras tarjetas, nos presentaríamos. Tal vez, estaríamos presentando por última vez a la persona que creemos ser. Posiblemente, un par de días más tarde, comenzaríamos a presentarnos de otra manera.

La tarjeta de presentación es nuestra identidad plasmada en papel. “Este/a soy yo”, dice ese rectángulo acartonado. Aquí resumo mi vida, señalo mi pertenencia y me etiqueto para que puedan individualizarme entre los millones de habitantes del planeta. Esta tarjeta es un mapa de nuestra personalidad, la que deseamos que sea elegida por los demás para conducirlos… La tarjeta de presentación sería nuestra guía en un primer día de taller.

Allí está todo: quién soy, con qué grupo u organización me referencio, qué es lo que sé hacer, cómo me comunico, qué comunico. Los puntos básicos sobre los que debemos trabajar para construir liderazgo.

Tal vez sería conveniente visitar los dominios de la inteligencia emocional: la conciencia de uno mismo, la autogestión, la conciencia social y la gestión de las relaciones, áreas que aportan un conjunto esencial de habilidades al liderazgo. que la autoconciencia posibilita la empatía y la gestión de uno mismo y que la adecuada combinación de estas dos últimas permite la gestión eficaz de las relaciones. La conciencia de uno mismo es el fundamento esencial del liderazgo emocionalmente inteligente. Si no reconocemos nuestras propias emociones, difícilmente podremos gestionarlas y comprenderlas en los demás.

Ya en un segundo día, nos abocaríamos al nuevo escenario donde actúan los líderes de nuestros días. A los cambios de paradigmas. ¿Por qué, sobre todo en Latinoamérica, las personas mantenemos una imaginario donde el líder es el caudillo, el prohombre, el héroe que rescatará a los ciudadanos de todas las tragedias? ¿Por qué seguimos pensando en los líderes con la vision del siglo XIX?


Los líderes actuales viven en un mundo interconectado, de comunicaciones veloces que saltan las estructuras tradicionales del discurso. En este escenario, los líderes tienes que aprender el arte de la conversación social, no el arte del discurso.

Y el arte de la conversación social no nos remonta a las tertulias dieciochescas, sino a la habilidad de manejar e insertarse en las comunicaciones basadas en las TIC y elmodo de insertarse, no ya en la vidriera de la web 2.0, sino de la era 3.0, la era de la web semántica. Este Nuevo liderazgo deberá aprender a ocmunicarse en un mundo veloz, multicultural, descentrallizado en cuanto a generación de opinion, desagregado en cuanto a audiencia, con segmentos claramente identificables. Un blogger es capaz de generar opinión y amplificarla sin que las estructuras de poder puedan detenerlo. Vean, sino, lo que sucedió en Egipto con el Movimiento 6 de Abril. Los partidos deben entenderlo y utilizar esa novedad de la sociedad digital asumiéndola lo antes posible.

En un tercer días de taller, habiendo definido quiénes somos, qué comunicamos y cómo lo comunicamos, pasaríamos dotar de herramientas a este lider que se mueve en nuevos escenarios.

Y aquí entra el branding político, que permite posicionar la filosofía del partido y de los nuevos líderes a partir de lo que las personas desean recibir. Es el momento de pensar en la construcción de una narrativa propia, vinculada a los temas a los que desean estar asociados. De imaginar la simbología y la imagen. De definir a qué segmentos de la población desean llegar con su mensaje. De analizar los canales de comunicación. De construir los espacios de organización y movilización.

(Charla brindada por Marta Gaba ante la Red de Jóvenes de Latinoamérica y el Caribe, el 6 de abril de 2011 en Buenos Aires).